Como complemento al artículo que hemos publicado recientemente - sobre Neurofeedback - os compartimos el siguiente artículo que nos ha proporcionado el Centro AVANZA asesores de estimulación, quienes conocen e imparten esta técnica en su centro.
Gracias a AVANZA por compartir su conocimiento!!
Cuando
hablamos de estrés, ansiedad o depresión realmente estamos hablando de unos
síntomas que se producen a diario. El estrés puede provenir de cualquier
situación o pensamiento que lo haga sentir a uno frustrado, furioso o ansioso.
Cuando queremos o nos exigen hacer muchas cosas; el estrés continuado
desencadenará la ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de miedo, desasosiego
y preocupación.
La fuente de estos síntomas no siempre se conoce, pero suele tener manifestaciones físicas como taquicardia, mareos, dolor en el pecho, problemas respiratorios, etc. y la depresión clínica es un trastorno del estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un período de tiempo prolongado, llegando incluso a no sentir ganas de hacer nada.
La fuente de estos síntomas no siempre se conoce, pero suele tener manifestaciones físicas como taquicardia, mareos, dolor en el pecho, problemas respiratorios, etc. y la depresión clínica es un trastorno del estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un período de tiempo prolongado, llegando incluso a no sentir ganas de hacer nada.
Cuando estudiamos problemas como la
ansiedad y la depresión encontramos un trasfondo común en déficits en los
mecanismos de autocontrol (la sensación de incapacidad, el miedo a perder el
control...). El estrés es una respuesta del organismo ante situaciones que
requieren un sobre esfuerzo físico o emocional, nuestra mente está preparada
para soportar este sobre esfuerzo en un periodo de tiempo. El problema surge
cuando se mantiene, y el cerebro supera su resistencia. Las personas en esta
situación pierden la capacidad de controlar sus estados mentales, de
autorregularse.
Los estados mentales son los distintos
grados de activación del sistema nervioso central. Se regulan de forma cíclica.
Existe un estado basal de actividad (vigilia) con el que funcionamos en el día
a día. Este estado se reduce para poder dormir y se incrementa en situaciones
en las que tenemos que estar más activos. Estos estados mentales vienen regidos
por estructuras cerebrales profundas (subcorticales), y están detrás de
fenómenos fisiológicos muy primitivos, independientes de la voluntad. Debido a
esto, es muy difícil intervenir de forma ordinaria sobre ellos, por lo que se
recurre a la medicación. Pero esta actividad tiene un reflejo en la superficie
del cerebro, en la corteza. En ella, se dan unos fenómenos eléctricos: el
patrón eléctrico cerebral (EEG). Este patrón consta de un conjunto de ondas cerebrales,
cuya proporción determina el estado mental. A mayor proporción de unas, surgen
estados de calma y concentración. A mayor proporción de otras, se vivencia
activación, nerviosismo. La incapacidad de pasar de un estado a otro es la
responsable de los síntomas en trastornos de ansiedad y depresión. Y lo mejor
de todo, es que este patrón eléctrico es susceptible de ser modificado con
neurofeedback, y de esta forma, intervenir sobre los mecanismos primitivos
cerebrales responsables de la activación del sistema nervioso central.
Una sesión de neurofeedback consiste en
escuchar música con unos electrodos en la cabeza que miden el patrón eléctrico
cerebral, al detectar que este no es adecuado se produce una sutil interrupción
en la música. La repetición de las correcciones en la actividad
eléctrica se convertirá en memorización y será el aprendizaje del cerebro. El
cerebro se va autorregulando a su ritmo y a sus posibilidades gracias a la
plasticidad que le es propia. Cada interrupción propicia una nueva conexión
neuronal en el área donde
haya ocurrido.
La duración del tratamiento está
condicionada a las características de la disfunción o patología, así como de
los factores individuales de cada persona. Se suele extender de 1 a 50
sesiones, pero a partir de las 10 sesiones se observan progresos (según el daño)
y a partir de 20 se produce la huella neuronal, con lo que la mejora será
evidente.
